"La película no puede ser evaluada según los criterios espacio-temporales, ya que todo retroceso a su recepción, como a su concepción, es imposible. El nuevo criterio que aparece entonces para apreciar una película es la transparencia. El espectador es asimilado, de buen agrado o contra su voluntad, por el autor que le conduce en un sueño despierto sobrepasando traumatismos individuales biográficos para delimitar su condición. La identificación termina al mismo tiempo que la proyección, el espectador saliendo del espejismo se ve obligado a redefinirse. Seguido, o no, tanto por las modificaciones del comportamiento como por la salida de un sueño. Lo que nos recuerda que el pensamiento es axial, contagioso y evolutivo. Según este ideal, el cine constituye un nuevo modo de comunicación por violación de la personalidad –la más desarrollada de las comunicaciones en sentido único–. Así sea dicho."