domingo, 19 de fevereiro de 2012



"Al iniciar el filme, vertiginosa zambullida en la subjetividad del viejo Isaac, somos testigos de una soberbia escena onírica que será motor de todo el relato. Más allá del contenido de las imágenes – donde un sol malsano derrama una luz insoportable, acusadora y de un contraste poderoso que anula los grises a favor de un auténtico blanco y negro enfermizo en una ciudad sin tiempo –, el ritmo del montaje y el vacío sonoro sugieren otro universo, con otras leyes y otros códigos. La secuencia de planos se aúna con la mirada del espíritu del personaje que observa todo con esa mezcla de completa extrañeza e incomoda familiaridad que caracteriza el sueño tornándose en pesadilla. Un aviso del inconsciente, a través de arquetipos del horror al paso del tiempo, pone en advertencia al héroe bergmaniano, de la soledad profunda, de que la muerte se acerca y de que es tiempo de un examen de consciencia."

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