quarta-feira, 31 de agosto de 2011


El río Fuji desciende a saltos desde la cúspide del monte sagrado. Un hombrecillo del lugar nos obsequió esta historia:

–En cierta ocasión se me envió a hacer un recado. Era un día muy caluroso y me eché a descansar junto a un arroyo cuando, de pronto, divisé algo amarillo que flotaba río Fuji abajo. Lo cogí y descubrí que se trataba de un pedazo de papel amarillo con unas palabras escritas elegantemente con cinabrio. Lo leí lleno de asombro. Era una profecía relativa a quienes iban a ser nombrados gobernadores de la provincia al año siguiente. Más asombrado aún, sequé aquel trozo de papel y lo guardé. Cuando llegó el día que se publicaban los nombramientos, comprobé que el papel no se había equivocado. El hombre nombrado en primer lugar falleció a los tres meses y le sucedió el otro que aparecía en el papel. Por extraño que parezca, tales cosas ocurren. Parece que los dioses se reúnen en la cima de esta montaña para decidir los asuntos del año siguiente.

(Anônimo japonês do século XI)

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